En ocasiones te pienso, invades mi mente con los pocos recuerdos visuales que tengo de di, pero con eso me basta, para que resuenen con eco en mi cabeza, frases de ciertos versos a flote en mi memoria, hacen que mi piel se erice y que mi corazón lata más rápido. Esa sensación poética de sentir a alguien y nunca haberlo tocado, de imaginar el olor de pelo, la suavidad de tu cuello y la delicadeza con la que tu fleco resbala sobre tu hermoso rostro causándote un conflicto entre dejarlo detrás de tu oreja o jugar con él, retrato en movimiento que se repite una y otra vez en mi mente, como un arte que solo puede entender quien ahora te conoce mejor, arte desapercibido a los ojos de los mortales, como la venas que brotan como ríos en tu piel, rutas abiertas que invitan a ser navegadas, a seguirlas hasta tu corazón, descansar sobre el y escucharlo a flor de piel, sentir su latido hasta que ambos se vuelvan uno mismo. O al ver tu mirada y la forma en que contemplas el mundo, un mundo frío, pero cuando tú lo vez se vuelve cálido, admiración es lo que me haces sentir, admiración cuando te pienso.