No quiero volverme tierra antes de tiempo,
ni quiero que las campanas de las doce
repliquen por mí, no quiero lloronas sobre
mi lecho, ni epitafios antes del amanecer.
La lucidez de mi alma se confunde con
la locura de mi corazón, y eso tampoco
lo quiero.
No quiero revolotear de mariposas en
mi cabeza, ni llantos tibios de tristeza,
porque he alcanzado la altura que tienen
las amapolas de mi jardín y soy gigante
porque es la humildad que quiero cuando
tenga que sortear caminos difíciles en las
fronteras de mi conciencia, quiero la
tranquilidad que tiene el silencio, cuando
se trata de solo de atrapar pensamiento,
atrapar versos y esconder sentimientos.
La traslucida declaración de mi adicción
a ti, se empañará si reclamo solo para mi
el terciopelo de tu voz que nunca he de
escuchar, o la sangre escarlata que debo
esconder de mis insomnios, cuando tenga
que explicar de qué color son tus ojos
que nunca me verán.

Andrés de Lua.

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