El viento llega.
Pero llega tarde.

No hay escarcha ni fuego.
Ni lágrimas ni sangre.

Acaso,
sólo una hormiga gigante.

Queda la sangre reseca
en la roja voz de las tardes.

El viento llega.
Mas llega tarde.

No hay voz ni espuma.
Ni cristal ni oleaje.

Acaso,
sólo una pena grande.

Ni lunas de cartón.

Acaso la espuma y la voz
escalofriantes.

Que el viento llega
para llevarse el aire.

El agua, el coral, la luz.
Me recuerdan el cadáver.

Queda una huella sin camino
naufragando entre la tarde.

Acaso.
Acaso no sea de nadie.