El mundo no te conoce,
no quiere hacerlo,
Ese conocimiento,
no puede tenerlo.
Eres vivida, y locuaz;
Eres todo cuanto yo desear.
De ti aprendí a reír,
Y también a pensar.
No quedarás en los libros,
ni en la memoria de los vivos,
Porque nunca has querido.
Luchaste por mi, un desconocido.
Después aprendí a ser tu hijo.
Me he equivocado,
y he dañado.
Pero siempre te mantenías en pié,
Siempre me lo hacías y haces ver.
Me gusta guerrearte, chincharte.
Lo hago para distinguir cada momento,
Para hacerlo más único si cabe,
Para ser ese mi recuerdo,
Esa sonrisa que ya no luces,
esa mirada alegre que destacaba,
Quizás el tiempo traiga,
El olvido de lo vivido.
Quizás no siempre te haga caso,
Quizás solo quiero ser yo,
Me marco distancia,
Y aún cuando tu Consejo cayó,
Yo hago de ello ausencia.
Gracias por acompañarme eses días,
Gracias por estar cundo yo no lo hacía,
Gracias por ser mi madre,
Gracias por querer aceptarme.

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