Ahora que estamos reunidos y compartimos la misma mesa, quiero hablarles, amigos míos… Pasó el tiempo como en un teatro… Aprendimos el arte vivir sin ensayos, viéndonos cara a cara con las pupilas translucidas de nuestras inocencias…
Nos conocimos con el alma abierta y sin apuros. Aprendimos a compartir con generosidad y libres de hipocresías.
El árbol del tiempo maduró emociones y nos dio los frutos afectuosos de la amistad sincera… Este árbol nació de semillas inevitables, que el destino regó con las aguas maestras… Estas aguas no fueron lluvias cualesquiera, sé que las soñó y las junto algún ángel ancestral del impecable cielo
Quiero en esta noche agradecerles, amigos míos, y liberar las palabras tardías de los recuerdos grabados a hierro ardiente. Tengo la vida inscripta en la felicidad de todos nosotros, los de siempre… Siento el calor entre gestos y risas, veo la entrega en cada apretón de manos y comienzo a extrañarlos luego de cada abrazo…
Y sin más, mis amigos, como un pintor y artista esboza su paisaje con cada trazo, yo retrato mi paisaje siguiendo las huellas profundas de ustedes, mis gigantes, en este largo camino del alma…

Fernando Castaño. La Rioja 1/10/19

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