(A la mártir Ágata de Catania)

Regocijándose en su gracia,
Inocua e inmaculada,
Rechazo toda impureza,
Y se fundió con lo divino.
Dícese que en los cielos,
Alguien la esperaba.
Ya era mas que carne,
Pues estaba libre de deseos.
Desistió en todo avance,
Impuesto por aquel caballero,
Por su parte;
Las féminas le resultaban,
Objetos.
Premios de una competencia,
La cual el no ganaba.
Y lo arrebataba la impaciencia.
Entro encolerizado,
En un estado de inconsciencia.
El joven poderoso,
Devoto religioso,
Según sus seguidores;
Con sus mañas misóginas,
Hizo de una virgen una mártir.
Sintiéndose vigoroso,
Al verla suplicándole morir,
Y un arrepentimiento,
Por tal comportamiento,
Que jamas llegó.
La misericordia era demasiado,
Para tal escoria,
Con complejo de superioridad.
Posiblemente,
Mientras latigueaba,
A la diáfana;
Ágata de Catania,
Veía reflejada a su madre,
En ella.
Para finalizar el vorágine;
Sus senos en una bandeja,
Servidos para ella,
Como ultimo sorbo de vida.
-Da contra indicaciones,
Libertarse en este mundo-
Pero Ágata sin espanto,
Antes de expirar,
Dejó su huella en el lugar,
Y para siempre en el tiempo.
Un grito salido desde su vientre,
Resonó ferviente,
En los oídos de sus torturadores.
Fue un chillido de alegría,
Pues su estadía,
Entre carnes pesadas,
Deseos banales,
Y Perversión impune,
Había caducado.
Agradecía a su santísimo,
Por estar ya fuera de si misma,
Y Se dirigía,
A la tierra desconocida…


JULIETA IALLORENZI

PATENTADO EN SADAIC Y DNDA

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