En esta noche lúgubre, donde penumbra el silencio y la Soledad; mi aflma toca el timbre de la conciencia y empieza a reconocer y aceptar lo que un día fue, ya no será más. Por más que reviva el pasado penoso aquellos días no volverán.
Y como si fuera un maldito trago amargo de aguardiente el dolor y arrepentimiento son mas difíciles de tragar.
Quizás no era ella, siempre fui yo.
Quizás sus últimas palabras estaban llenas de verdad y yo atrapado en el genjutsu no pude divisar la verdad, aquella verdad que me decía que yo estaba mal, aquella verdad que no logré ver en el horizonte.
Al pasar los días me pregunto si aún piensa en mi como yo pienso en ella.
Y es que realmente no perdi a una persona, perdí a mi otra mitad.
Ella, mi complemento que me ponía en mi centro de gravedad y me daba tranquilidad. Aquella fuerza de voluntad y apoyo que no se vanagloriaba sino que me aceptaba con bondad.
Cuanto daño le hice y no lo vi.
Cuanto daño le sigo asiendo y no puedo detenerlo.
Cuanta falta me hace y no puedo decirlo.
Me siento muerto aunque me levante todos los días, pues si algún día tuve vida, ella se la llevó aquel maldito día.
Asi como el tiempo, lineal y eterno, así perdurara ella en mi recuerdos; y aunque un día te solte en cada uno de mis pensamientos que flotan en el estrato de mi subconsciente siempre estarás presente tu.

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