Humildes humanos

Arañazos rotundos,
ya muy poco profundos,
difuminados los surcos,
yacen sobre la tierra,
cubierta de mala hierba,
condenada belleza,
que no nos interesa.
Igualando la tierra,
a base de dar vueltas,
y seguir dando vueltas,
dejándola a punto,
arenosa, deshecha,
comienza la nueva era,
y termina la previa,
con las ganas de siempre,
y la esperanza puesta,
en una buena cosecha,
que llene la despensa,
para cuando vengan
cabalgando con fuerza,
las plagas, el hambre o la guerra.
Cuando todos pierdan,
lo que hayan guardado queda,
habiendo estado cuidado.
Así la tierra surcamos,
nosotros que la andamos,
dando pasos en falso,
y también tropezando,
a veces a solas,
y a veces acompañados.

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