Me acuerdo de ti,
del latido aquel
que sonaba sordo y profundo.
A mi me daba miedo
asomarme,
porque sé que el latido
es tambor de guerra dormido.
Con el tiempo aprendo
que las batallas que me desmoronan
no son las mías.
Aún así,
sabiendo que no eres para mí;
ese tambor resuena
y se asoma en mis versos
que son mis labios.
Y ahora;
espero no esperarte
ni buscarte
(no sé que voy a hacer
cuando me encuentres)
Será la guerra
cosa de tu espina
o de mi columna?
Será el tambor
el que mueva mis caderas
o el que acabe de descolocar
todas estas ideas
que tanto me empeño en ordenar.
No lo sé
No sé que va a pasar
Quizás nos olvidemos del latido
pero el tambor resuena.

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