Sin Título 1

se escurrían sobre los huesos,
penetrando con suavidad,
como el alma,
como el cáncer.
Llevando su información,
su correspondencia:
No se siente lo que no lleva nombre.
Abrázame como solías,
lejana,
en el siguiente kilómetro de la cama.
Con tu voz en mi habla.
Los brazos: el acorralarme, el sudor, la incomodidad.
¿No sabes que con un soplido basta?
que viaje por la nuca,
por la longitud de la espalda.
¿Para qué esta carne?
En los senos regada, en las cinturas,
en la panza.
Breve magma,
ganas de ser fétida,
humo de alcohol,
fumarola de cremación,
espanto de la materia,
podredumbre en espera.
Toca, te pido, la mística guitarra de no vernos,
¿Puedes?
¿Podremos sentirla de nuevo?
Porque solo retumbas las sienes,
que te padezco en las encías,
en la saliva de la lengua,
bajo la úvula expuesta y la garganta bífida,
hasta el túmulo de entrañas coloides.
Ya somos la suma de nuestras secreciones
el órgano intacto, perfecto,
que no late, que no sulfura,
no sufre,
inmutilable,
inquebrantable,
inservible.
Cuánto más vamos a acariciar
ese trozo de sangre,
y
cuánto más besar la impávida tez,
Cuánto de relamer un color desocupado,
Y jugar con el rincón de hule,
entre las piernas embalsamado.
Cuánto más vas a habitar la escenografía
y mirarte el plástico de tus pupilas.
Cuánto más de enfrentar el martirio
de los dientes mordidos,
el martillo de los puños biliosos,
el me sé tu nombre como el himno.
Cuánto del juego quédate,
te quiero siempre conmigo,
y siempre conmigo
quédate
como quiero.
¿Cuánto más de estas formas del amor?
que van del pie al cabello,
que van de dedo a dedo,
de ese dedo
para el anillo hecho
nupcial acerbo
hasta la máscara
mortuoria encarnada
de lo absurdo.
Lo absurdo de la masa
insensible.
¿Cuánto más, querida mía?

¿De no querer
hacerle frente a lo inconcebible?

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