Dedico mi oración a los que no creen en ti, a los injustos, a los perdidos, a los egoístas, a los que no pudieron buscarte, a los que creyeron ser más que tú.

Dedico mi oración a los que sufren, a los que buscan tu consuelo, a los que trabajan, a los que pudieron encontrarte, a los que siempre creyeron en ti.

Dedico mi oración por igual a los justos y a los injustos, porque, más allá de mí misma, el mundo me ha devuelto la fe en el ser humano.

Dedico mi oración a los buenos porque lo merecen y a los malos porque lo necesitan.

Si alguna vez creíste ser más que Dios, te equivocaste.

Si alguna vez creíste ser más importante que los demás, también te equivocaste.

El mundo te pone en bandeja la oportunidad de cambiar.

Porque siempre amé la verdad, gracias Señor.

Porque siempre creí en ti, gracias Señor.

Porque siempre estuviste conmigo, gracias Señor.