13 preguntas que te convierten en canción
¿Qué sueño te desvela cuando el mundo apaga sus vitrinasy solo quedan tu alma y el rumor de sus mareas?
¿Qué puerto secreto persigues
cuando nadie observa tus pasos
ni escucha las conversaciones que sostienes con tus estrellas?
Porque sospecho que llevas dentro un continente intacto,
un territorio de fuego muy sereno
que no aparece ni en los mapas ni en las fotografías.
Y quizás por eso tu presencia tiene ese extraño poder:
llegas… y hasta las penas parecen aflojar los puños.
¿Qué aprendiste tan temprano de la vida
que hoy miras las tormentas sin bajar la frente?
¿Qué herida te enseñó a construir unas alas
donde otros apenas levantaban muros?
Hay personas que sobreviven a los años;
tú pareces haber aprendido a transformarlos,
como quien convierte la lluvia en cosecha
y el dolor en una lámpara encendida.
Dime:
¿cuándo te sientes verdaderamente invencible?
¿Cuando el espejo te devuelve una imagen hermosa,
o cuando descubres que has vencido un miedo
que antes gobernaba tus noches?
Creo que tu fuerza nace en otro lugar.
Nace en esa alegría tan auténtica que llevas por dentro,
esa que no depende de aplausos,
esa que permanece incluso cuando el destino
decide poner a prueba la fe de los valientes.
¿Quién logra entenderte por completo?
¿Quién conoce la geografía exacta de tus silencios?
Porque yo, mientras más te observo,
más me convenzo de que ni siquiera el tiempo
ha terminado de leerte.
Eres una de esas raras mujeres
que parecen escritas en un idioma antiguo,
uno que solo comprenden los poetas,
los navegantes y los enamorados.
Y hay algo más…
algo peligrosamente hermoso.
¡Tienes un encanto que no parece consciente de sí mismo!
Como las constelaciones,
que jamás sospechan cuánto las contempla la noche.
Tu luz no busca atención,
pero inevitablemente la conquista.
Y esa naturalidad tan tuya,
esa manera de existir sin esfuerzo,
es precisamente lo que vuelve inolvidable tu recuerdo.
A veces me das un poco de miedo,
pero no el miedo que provoca la oscuridad,
sino el que producen los eventos extraordinarios.
El mismo vértigo que siente el viajero
antes de descubrir una tierra nueva.
La misma incertidumbre gloriosa
que habita en el instante previo al primer beso,
en el primer verso,
en el primer «quédate»,
en el primer cosquilleo del corazón.
Porque eres un problema,
de esos que uno acepta gustoso.
Una tentación elegante.
Una revolución vestida de calma.
Un accidente feliz
del que nadie desea recuperarse.
Y entonces me pregunto:
¿qué conversación jamás te cansaría?
¿Hablar de qué sueños?
¿De los caminos que aún faltan?
¿De la persona en la que te estás convirtiendo?
Yo podría escucharte varios siglos.
No por las palabras,
sino por la música invisible que te acompaña
cuando salen de tu boca y encuentran refugio en el alma.
Hay algo que admiro profundamente:
la forma en que sigues adelante cuando nadie te mira.
La disciplina secreta con la que edificas tus victorias.
La dignidad silenciosa con la que enfrentas tus batallas.
Porque el verdadero carácter
no aparece bajo los reflectores;
aparece cuando solo el corazón es testigo.
Y si algún día alguien me preguntara
qué quiero recordar de ti,
no hablaría primero de tu belleza.
Hablaría de la paz.
De esa extraña paz que llega contigo.
De cómo el aire parece más ligero cuando apareces.
De cómo tu energía convierte el ruido en calma
y los días difíciles en algo soportable.
Hablaría de la mujer que, sin saberlo,
logró que el mundo pareciera un lugar más amable.
Porque existen mujeres hermosas.
Y después existes tú.
Tú, que pareces salida de una canción que todavía no termina.
Tú, de quien podrían escribirse novelas,
baladas, promesas y despedidas.
Tú, que llevas en los ojos la nostalgia de lo eterno
y en la sonrisa la esperanza de lo que comienza.
Y si la vida me concediera un último deseo,
no pediría riqueza ni gloria.
Solo una noche bajo el mismo cielo,
para preguntarte lentamente,
mientras las estrellas escuchan en silencio:
¿Te atreverías a caminar conmigo hacia lo desconocido,
si supieras que algunos amores
no llegan para acompañar una etapa,
sino para convertirse en un destino?
Porque desde que existes,
el horizonte ya no parece tan lejano.
Y porque hay personas que pasan por la vida…
y otras, como tú,
que se quedan para siempre
viviendo en el corazón de quien tuvo la fortuna
de encontrarlas.
𝐄𝐥 𝐏𝐨𝐞𝐭𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐂𝐞𝐫𝐜𝐚𝐧𝐚 𝐄𝐬𝐪𝐮𝐢𝐧𝐚

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