Con cada despertar una caricia en el alma,
se despide de mi, se aleja.

Y entretengo mi mente con mil cosas,
y apaciguo mi deseo viendo pasar las horas.

Al atardecer mi alma se viste de fiesta,
comienza a lucir sus alas,
con el color que el sol, va dejando tras su espalda.

Cuando el sueño vence, siento su llegada,
escucho sus pasos, el cuerpo tiembla
esperando sus brazos, sus besos y su mirada.

¡Noche eterna, noche bella!.

No olvides acariciar mi alma,
como cada mañana,
cuando te alejes
al alba.