Libertad preciada.

Cuando la eterna voz del gentío calla y acuden a mí miradas de impiedad; me siento fugitiva, ausente y libre. Puedo tocar sus pensamientos con la punta de mis ya frágiles dedos y ver en ello, su cielo negro pues el mundo va olvidando amar. Colgados de sus vicios y ambiciones mis palabras rechinan en sus seseras y voy clavando, con ellas, alabardas de guerra. !Oh dolor! !Dolor tan grande! De voz serena, sutiles maneras y...