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Sueños

Soñé que la muerte me señalaba y guarescía en un lugar de su lúgubre paraíso;
Cavaba mi cuerpo y ocultaba,
El poco amor que en él quedaba,
Bajo la indiferencia de la vida;
Vi que era ceniza la que cubría mi alma,
Después de una noche anónima de poca cafeína y mucho cansancio;
Soñé que no podía ser feliz,
Y me equivoque…

Soñar es morir,
Es entregarse a un ideal anónimo que muchas veces el destino no nos tiene como merecedores
Y morimos en los continuos intentos por asirnos de un trozo de él;
Es por eso que vagamente muchos trajinamos como insectos buscando el ansiado polen entre diabéticas flores y esquizofrénicas alucinaciones de primavera.

Ayer,
Hoy,
Mañana,
Bebo la inestabilidad del momento;
Camino entre los sueños de otros y los míos no encuentran la cortesía del momento,
Mi temor aumenta entre los continuos cambios de color de las amanecidas y desvelos de mis errores en otros errores y el insomnio perpetuo de temporadas de nieves y sol;

Personas que no conozco me ofrecen la piedad de una muerte digna,
Pero hago caso omiso
Y me disipo entre el bullir de una volcán a punto de erupcionar.

Nuevamente ofrezco mi corazón a cambio de unos suspiros más,
De un perdón que permita asomarme por la ventana y ver una nueva primavera germinar,
Alimentándose con la alegría de los niños,
Mostrando su color a la noche de mi vida.

Así es, poco o nada me sirvió la espera,
Tanto tiempo sin respuesta…

Bebo mi última plegaria,
Poseído de una gran melancolía que llena mi vaso incesantemente,
No es el tiempo,
No es la muerte,
Soy Yo,
Que no entiende que no hay más que pedir al incomprensible y sordo oído del vacío,
Y tan solo
Y tan lúgubre
Y tan lerdo a mis impulsos,
Me arrastro hacia la nefasta luz de mí huida,
De mi macabra desilusión.

Así son las noches sin ti,
Sin sentir tus manos guiándome en la encrucijada del libre albedrio de amarte verdaderamente o perderme en los sueños de cómo sería amarte,
Pero si te amé
Y tú sentiste mis palabras tacitas
En las oscurecidas noches, aquellas, de desbocado crédito y verdaderas angustias de tu sosiego,
Ahora solo pienso en el perdón de nuestros dones,
Ellas no sabrán de mi angustia y de las interminables noches donde acaricie sus petulantes cabellos
En momentos donde la muerte acariciaba las pocas esperanzas en las que me escondía de los insomnios de la verdad
Y de las pocas ternuras de las estrellas.

Mi resplandor se acaba,
Tal eclipse después de una menguante oscuridad;
Caigo sumiso, ante un adiós,
Interminable…

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