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SPQR

(Senador)

Abrimos ya la sesión
de este día en el Senado;
vemos hoy el borrador
del calendario juliano.

(sirviente)

Señorías, traigo vino
y copias del calendario,
ante vuecencias me inclino.

Y os anuncio a un Emisario
que envían desde Barcino:
okupa es, y empresario.

(Senador)

Entonces, Heraldo, hablad,
¿qué nos tenéis que decir?
A ver si podéis abreviar,
que os estamos viendo venir…

(Emisario)

Que sois todos unos mierdas,
un desastre, una desgracia;
lo vuestro no tiene enmienda,
así es nuestra diplomacia.

Somos los que mejor vestimos,
¡pero miraos vosotros, juláis!,
y los más leídos, y finos;
la leche, requeteguáis.

Si en breve os vale: que os den;
y voy concluyendo ya,
al grito de in, indé,
indepen-densi-á.

(Senadores)

—¿Pero estamos así otra vez?
—¡Tócate los cojones!
—¡Dejo el Senado, rediez!
—¡Lo que has dicho, te lo comes!

(Senador)

¡Orden, orden, sentaos!
La palabra toma Craso,
respirad hondo y calmaos.

Negociar nunca le agota
y los más sabios le hacen caso;
tiene ya la mano rota,
él sabrá salir del paso.

(Craso, y el sirviente)

—No oculto mi parecer;
si me pedís instrucciones,
lo mismito que hace un mes,
¡hale!, enviad tres legiones.

—¡El Heraldo echó a correr!

—Que lo prendan, y a los leones.

(Pompeyo a Craso, que responde, ambos en voz alta)

— César estará al caer…
¿No oímos sus opiniones?
—No, si le va a parecer bien;
¡que marchen ya las legiones!

(Craso al oído de Pompeyo)

Anoche estuvo de parranda
con Bruto y los de la tuna…
Se ve que la liaron parda;
si viene, pasará de la una.

(Craso, al Senado)

Con suerte, para la próxima,
en lugar de otro infame liante
nos visita Agripina Máxima,
la rubia despampanante.

(Craso, al sirviente)

Grábese aquí, en el suelo,
martillo y cincel, ten, toma;
que es la voluntad del Pueblo
y del Senado de Roma.

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