Tras la ventanilla del auto,
todos mueven los labios,
la ciudad es tan callada,
actuando como extraños.
Una vez tuve huellas en este pavimento,
deje sonrisas y hasta conté cuentos,
dije i’m sorry…
Y también dije «lo siento».
Hoy sólo recolecto sonidos mudos,
de una ciudad inquieta,
maloliente,
que tras la ventanilla del auto,
parece estar tan lejos,
más lejos,
siempre lejos.