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Sexo

Mi querido señorito, ¿Cómo se encuentra? ¿Sigue cálido el ambiente que nutre su alcoba? ¿Y sigue igual de misteriosa la puerta de objetos varios junto a la cama?

Permítame recapitular mis placeres.

Ha perdurado la sensación de su bigote en mi labio y la imagen mental que produce su afable voz en mi cabeza, que incluso al decir lo que cualquiera llamaría “obscenidades” parecían románticos poemas; eso aumenta la perversidad de mi libido. Al conocerte no podía dejar de pensar en cómo se vería ese gesto tan amable que enraíza tu rostro en el clímax de un orgasmo; tenía que saberlo. Aun quiero ver tantos de tus gestos pero de tu voz solo quiero escuchar romanticismos convertidos en irrepetibles sadismos.

No soy tuya, no eres mío, somos del deseo.

Hasta el próximo encuentro, señorito.

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