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RENDICIÓN

Pensé claudicar.
Cortar de mis venas
los hilos de plata
de tu amor que no ama.

Tome el puñal.
Extendí el brazo.
Me contuvo el suspiro
de tus besos
en mi cuello.

Me envolviste suave
con el abrazo del deseo.
Sentí el calor
con el que quema el hielo.

Mi voluntad se quebró,
como rompe el sonido
el cristal del silencio.
El puñal cayó al suelo.

Temblé entera.
Me abracé a tu cuerpo.
Vacié la rabia sobre tu boca
en miles de besos.

Entrelazados,
como dos serpientes en duelo,
la noche se hizo día
y se ocultó el sol de nuevo.

Claudicó mi voluntad.
Quede a ti atada por cadenas de hierro.
Mi corazón convertido
en un pedazo de hielo.

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