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¿Quién sino ella?

Quedara ciego el varón
que goce de su luz altiva,
si tal presencia siquiera
al charlatán enmudece
merma al bravo
y de toda cordura priva.

Yermas tierras camparía con gusto
si tal cual se me pidiera,
y de buen grado vería
mi mano negra por las teas.
Que se haga carbon de mis huesos
y prenda entero como leña,
que no quede mas que polvo
si así por tu voluntad sea.

Quisiera perderme en la noche de tus ojos,
en las estrellas que tu piel viste por lunares.
Quisiera una prenda en forma de mirada,
una caricia de perfume suyo que me envuelva
como envuelve a la roca la espuma de los mares.

Cierto es…
con una de tus sonrisas perdería el sentido.
Mi dulce princesa mía…
¿Quién soy yo para juzgar?
si imposible es no mirar
tal trozo de edén caído.

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