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Preguntas frecuentes a una chica transilvana

Si forjo en mis sábanas tu cuerpo ausente
con diez cinceles fríos de esperarte,
y te pinto en toscos lienzos de mi mente
¿puedo decirte, musa,
que puedes decir que es arte?

Si bebiese del Orinoco tu Mar Negro
y si en los Cárpatos llovieran piñas
¿amarías que de invierno a invierno
con tonos caribes sueltos, te llamase mi niña,
mi niña?

¿Puedo escurrirme en la noche que amansas
calzado de pasos que siguen tus huellas,
y derramar en tu oído
camelos raídos, pensados motivos
de que eres más bella por ser de la Dacia
y que eres ansia que enciende mi estrella?

Pensando que el tiempo responde
las preguntas que guardo calladas
inquiero en los ques, cuandos y dondes
que cargan la cruz de desearla
cuántas idas y sus vueltas se vierten
sobre el camino que me hace olvidarla
y que cada noche mi ánimo emprende,
pero que al mirarla cada mañana
mi voluntad, ya no mía, desanda…
desanda.

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