Hubo un tiempo en el que a aquella chica
todas las palabras le seducían.
la A, la del amor, la primera,
era la que más quería.
La C, la del corazón, la tercera,
a veces se le resentía.

De tanto que le sedujeron las letras,
llegada a la última, a la Z,
un zarpazo de lleno sintió.
Ahora, en este tiempo,
habiendo adoptado a la M,
la del mundo, la del misterio,
la decimotercera, si bien recuerdo,
huye de adornados alfabetos,
que solo son bonitos, solo eso.
¿O no?
No sé que pensó la chica al respecto.
Tendré que volver a preguntarla,
dentro de unos años,
qué fue de aquellas, de las que le sedujeron,
de las palabras
y aquel adornado alfabeto.