No es cierto que duerma con el pantalón del pijama,
duermo con varias copas de vino y miedo a las avispas,
a los banqueros, al género humano.
En mitad de la noche me asaltan el color nomeolvides,
los discursos de factoría,
los árboles rotos,
los juramentos de número azul.
Entonces me sobresalto como una barca abofeteada,
he sudado con más sal que la conciencia de un pez
y permanezco largas horas pronunciando mi nombre.
Estarán los bares abiertos,
las aceras abiertas,
la saliva abierta por su lado de daño.
Hay empujones y farmacias de la mentira,
hay soldadesca no de tulipanes,
y tú me dices que esté tranquilo
que estamos terminando de fabricar corazones.