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Muñeca pasada a princesa

Y así como el corazón muere le dije: mírame y ponte a latir. De pronto me colapso el final de los cuentos del nunca charlar y el muy idiota me dio una pregunta como respuesta: ¿y si mejor yo soy el que muere para que no te vuelvas a enamorar?
Mi destino terminado al fin localizado una equis marcada en el calendario, donde mis días se daban por terminados.
Se dividía ella con él y yo estaba ya sin nada, como el tabú de un sueño jamás repetido, así me designaba, al vacío de la página escrita en una sola realidad.
Me tendrás loco por desenfreno, que si me volviera con razón a tu silueta de una desbocada fiesta, yo estaba ahí sentado en la sala levantándote de tu cruda borrachera.
Pero al final me decían lo que yo nunca quería escuchar: que para que una mujer valga la pena necesita estar al lado de un buen hombre, sin que ella no venga con la ropa ajena.
Mujer cambiante sin origen de Eva, porque si hubieras sido tú la escogida por dios, en el principio Adán hubiera comido el doble de la fruta del árbol prohibido, que necesidad hubiese tenido, si tú eras amiga de la culebra.
Fue un complemento manejarte al inicio, donde tú me llevabas a la gloria, pero que al final de este tiempo contigo solo he conocido el ardor del vacío: suelta como una hebra de mi vieja ropa.
Cambiaste tanto en los últimos tiempos, que hasta la niña de tu pasado se hizo mujer, porque no le quedaba otra manera de sentir un quejido. Cambio su inocencia por gemidos.
Recuerdo las tardes de dura pasión, como me costaba darte el comienzo de tu punto g y no era mi culpa darte el tazón de café, amargo sin dulzura, por el frente salía yo dándote las buenas noches y por el lado del jardín venia tu galán a darte el placer provocando lenguas en latín.
Porque necesitabas ganar el dinero siendo una meta de falacias donde prometías que el miembro masculino casi se te encarnara.
Pero ahora tu compras reloj y yo solo poseo tiempo, regalas el sexo y el dinero, es depositado en un cajón.
Y en cambio yo hago el amor a cualquier hora, pero me lo hacen con pasión en un nuevo colchón.
Y por último a mí ahora me llevan a conocer las estrellas, mientras a ti te las pintan en el aire para que no te ilusiones muñeca.
Búscate otro reino alteza que este ya está apoderado por una sola princesa.

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