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Mi colegio.

El aula, alicatada, hasta su mitad, con azulejos verdes, tiene grandes ventanales, por los que el sol penetra sin pedir permiso a nadie.
Los pupitres de madera tienen tapas abatibles, señaladas con marcas, señaladas con nombres, con palabras malsonantes y con bellos corazones.
La vieja pizarra verde acogió sumas y restas, palabras agudas, llanas, mapas de España y de Europa, fechas de grandes batallas……
Entre sotanas negras y batas blancas, los niños brincan, saltan, corren, juegan …..
El silbido de un silbato en el patio se ha escuchado.
Los muchachos, sin duda, fastidiados, guardan fila, silentes, resignados.
Allí dejaron su impronta infinidad de personas de varias generaciones que allí pasaron las horas.
Unos pocos estudiando, algunos brujuleando y otros pintando la mona.
Te hablo de un lugar maravilloso, un lugar grabado en mi memoria, un lugar donde encontré grandes amigos.
Esos amigos de infancia, esos amigos de veras, es lo más grande que existe. ¡No hay más alto privilegio!
Sí lector, tú no has errado, sin duda que has acertado. Te hablo de mi colegio.

LUIS ADOLFO

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