Nunca supe porqué lloraba
solo se que sus lágrimas
iban llenando sus mejillas,
sus ropas, sus bolsillos, su andar.
Le di mis pañuelos, mis sábanas, mi amor
y por un instante dejó de llorar.
Me dio su nombre, su amor y la promesa de que ya nada la podría llenar.
No la vía más, y solo escuché su nombre
mientras navegaba en las aguas,
que eran sus lágrimas,
donde se ahogó, que ahora formaban un mar.