Presiento que tu alma no halla tranquilidad,

dejame equivocarme al decirte aquello,

tu que eres mi deidad,

en lo mas bello.

 

Presiento que tu espíritu vaga en un mar de incomodidad,

aletargando el paso de la desesperanza,

dividida entre el límite del deseo y la realidad,

no encontrando alguna semejanza.

 

No viajes presurosa de correr un camino,

con el que vayas sin un soporte amigo,

ni tantees el destino,

que te causa tanto hostigo.

 

Dejame escuchar la latitud de tu corazón,

sentir el presagio de la luna al firmamento,

que melancoliza en una triste canción,

prometiéndole un dulce juramento.

 

Cómo abrir tu corazón y escucharte,

sentir la vertiente del Este hacia el Oeste,

con la plenitud de mirarte,

y que un corazón amigo te conteste.

 

Indago mi locuaz imaginación,

en el mar de pensamientos sutiles,

presagiando alguna situación,

de ya razones inútiles .

 

Tienes que vivir en la alegría de tu realidad,

dejar atrás la desdicha de un corazón sensible,

tan frágil como un sentimiento a nuestra edad,

para empezar un camino de vida accesible.

 

Tienes todos los valores de aquella flor,

dispuesta a aromatizar de amor lo que esta a su lado,

eres como la llama de amor,

con la cual me he encariñado.

 

No quiero irrumpir el costado de tu ser,

ni falsear el testimonio de unos versos,

pero estos son para que te sirvas conocer,

mis pensamientos ya confesos.

 

Gracias por tu amistad

 

José:  Miércoles.21.Nov.2012