El paseo del poeta.

Hoy sale el poeta a la calle,
con su lápiz de escritura,
con sus ojos de ver el detalle,
con su musa, su partitura.

Seguí a aquella mujer a través del frondoso bosque.
Cubierto de rectos abedules,
como los poemas ensangrentados de Luis Cernuda.
Su aroma se desvanecía junto al margen del río.

Seguí a aquella mujer esa noche intensa de verano.
Mezclada de perfumes y sonrisas.
El jazmín, la rosa y la dama de noche cogidas de la mano,
como los poemas de amor de Antonio Gala.
En esas horas nocturnas se marchó,
en silencio, dejando su perfume en mis manos.

Seguí a aquella mujer aquella tarde de primavera.
Rodeados de cerezos en flor,
parecía uno de esos sonetos de Pablo Neruda.
Su silueta reflejaba sombras
entre los altos robles del camino.

Seguí a aquella mujer hasta el jardín de las esencias.
El olor a tomillo, romero y albahaca impregnaba el paseo.
Parecía un verso suelto de Rubén Darío.
Su dulce caminar se alejaba en la lontananza.

Volví a seguir a aquella mujer hasta la playa,
de arena fina dorada y aguas color turquesa.
Paseaba con los pies descalzos,
como los poemas campechanos de Antonio Machado.
Su sensual huella quedaba en la arena intacta.
Ella se acercaba a su ciudad,
llamada tacita de plata.

Beltrán.