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El mar, yo y nuestro secreto…

Tengo un amor que guardo con recelo,
al que miro cada mañana a lo lejos,
siempre tan solitario, como yo,
añoró el ocaso para tenerlo
y perderme en su cristalinidad.
Dando las seis, corro hacia el desesperada,
el aire travieso no deja de alborotar mi cabello,
la arena escurridiza se regocija en mis pies,
las olas bailan eufóricamente, alegres de verme,
mientras el sol se esconde tímidamente
para dejarme a solas con el,
su fragancia es el éxtasis de mi ser.
¡Oh mi amor! fue tanta la espera… le susurro,
poco a poco me voy sumergiendo,
acariciando tenuemente su cálida piel
y en un soplo de arrebato,
con su inédito canto me seduce
y me hace suya al instante,
hasta embriagar mi cuerpo de placer.

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