Las hebras de las trenzas de las muñecas vivas
de la ciudad de los soles ardientes
envuelven a los endebles con sus encantos de riachuelos claros
y sus vivas luces de señales de tránsitos ecológicos
los llevan a la devastación indisoluble
prisioneros de las rocas blancas de sus muslos
y de la dureza de sus senos espléndidos
para hacerlos vagar en la tormenta de las descomplacencias de su aroma
atolondrados por el efecto de sus drogas infalibles
porque tienen más amor por los androides crepusculares
que por las almas cósmicas de estos tiempos

Sobre sus cuerpos volubles Dios pasea con sus perros inmortales
en medio de sus ovejas de vellocinos de oro
y en las llanuras prohibidas de sus cuerpos
están sus creaciones no reveladas al hombre

De su hermosura fueron responsables los ángeles científicos
quienes se establecieron en las montañas comprimidas de sus auroras rosadas
donde empiezan los rieles de oro de trenes sin fin
de las exportaciones de las marihuanas versátiles
hacia el país de las bestias de alaridos desmantelados
en cuyas encrucijadas los misterios del corazón humano residen
y la debilidad del justo gravita