Cuanto éramos…

Hola mi dulce cariño:
Recuerdo siendo aún niño
el pliegue de tus parpados,
la belleza de tus cabellos mojados,
los ojos fijos como luceros,
los labios con son de boleros,
las manos de juvenil seda,
la voz como el canto de Espronceda,
los sueños dormidos en tu cabecera,
la generosidad, tu bandera,
la lágrima, el licor de tu borrachera,
la luna, fidelidad en la noche compañera,
el gemido del alma más amargo,
la ausencia, un pliegue de descargo,
los besos a escondidas con sabor a libertad,
el paseo sosegado en busca de la verdad,
la rosa roja, palacio del amor elegido,
sus pétalos, testigos de un querer cálido,
el aroma de tu bendita presencia,
el crujir de tu inocente conciencia,
el cuello, la garganta, puente levadizo,
los lunares, los hombros, fuego de hechizo,
el tenue caminar de tus pies por el sendero,
todos te llevan al oído un te quiero,
el mar, la desnudez de las olas,
en la orilla, en la arena, a solas,
en el pueblo blanco, humilde, abandonado,
el viejo árbol, la huella de un amor grabado,
la fuente, el agua dulce, el sembrado jardín,
el perfume a romero, a nardos, a lirios, a jazmín,
el prado, cubierto de terciopelo verde,
la triste despedida, sollozando la tarde,
el reloj, nutrido de tiempo y melancolía,
el suspiro que exhala la vida, dulce agonía,
la sonrisa en los ojos, así nos confesamos,
pensarnos, y regalar cuanto éramos….

Beltrán.