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Canto nocturno a la hija del cielo

El calor se abre como una flor partida por el viento triste;
Nuestros sufrimientos han colmado a la tierra de dolores,
Creado en el horizonte espinas de plata que cortan los labios,
Ojos inyectados en sangre de los que crecen frutos muertos,
Pero tu sigues reclinada en las nubes
Mientras contemplas el mundo con tus ojos tristes.

Reposaste tu cabello en las ondas áridas de mis manos,
Navegando hacia la tierra prometida
En carros partidos por el humo de Occidente,
Caballos rechinando hacia el confuso cielo.
Pero tú sigues silenciosa más allá de lo hermoso
Mientras contemplas el mundo con tus ojos tristes.

Eres la luz de la Vida,
Tus ojos,
las estrellas amadas que se casan con los dioses,
pequeñas bolas de fuego azules
en donde suspiran lacónicas las amables sirenas.

Eres una llama de oro florida,
Hija santa del cielo eterno,
Estrellita tierna que cuida con sus luces
A los hijos buenos.

Creaste tú mundos rizados y auroras violetas,
Regando cada nota musical
Con el latir de tus suaves senos,
Y yo caminé como un fantasma alejado de la perfección,
Abrazado a lo imperfecto.
Pero tú sigues tejiendo la música de la vida,
Mientras contemplas la tierra con tus ojos tristes.

II

Éste es tu reino.
Donde tú moras, nace el cielo.

Tus senos son valles de agua rebosante,
Que miran al Sol de Oriente.
Hacia nuestra patria,
Se inclinan los confines de la Tierra,
Para saludar tu presencia de fuego.

Las ígneas esferas que armoniosamente rotan,
Construyendo mundo tras mundo,
Son los vivos sostenes de tu pecho.

Las mareas frías, el juego libre de tus pies;
La húmeda selva, los ríos de tus cabellos;
Tus marinos susurros, luz y agua de la tierra seca.
Un rayo escindido de su madre,
Tu hijo cruel que se divierte.

Éste es tu reino.
Morada inabarcable para la humana mirada,
Enigma para los dioses inalcanzable,
Fulgor radiante y mortífero
En el que lo grande y lo eterno fluyen.

Puedes ver el aleteo plácido del insecto,
Y tocarlo con tus dedos de bronce;
Cabalgar en tus jinetes alados,
Y viajar a mundos nuevos,
Que broten naturales de tu pecho.

Eres Mujer, y eres Mundo.
Ojo sabio del Creador.
Eres tierra y fuego,
Principio y culminación.

Tus astros a nosotros nos regalas,
Respirando a través de las hojas tiernas de los bosques,
Acariciando con suavidad los sueños de los niños,
Dirigiendo entre danzas el baile de la vida.

Donde tu moras, nace el cielo.
Éste es tu reino.

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