Quédate

Tu mano encendida de rojo era la sombra del sol en mis ojos, apartaba la nube, saciaba la sed.   Me desperté con destellos en las pestañas y vi tus colores refulgentes unirse y fragmentarse. Adiviné tu presencia en ellos y al entender la mirada de la mañana estremecí, sentí que podía cerrar el mundo con sólo un abrazo estrecharte. Sentí que en aquellos instantes silentes eras guía y amante, sin ser nada más que luz,...