RENDICIÓN

Pensé claudicar. Cortar de mis venas los hilos de plata de tu amor que no ama. Tome el puñal. Extendí el brazo. Me contuvo el suspiro de tus besos en mi cuello. Me envolviste suave con el abrazo del deseo. Sentí el calor con el que quema el hielo. Mi voluntad se quebró, como rompe el sonido el cristal del silencio. El puñal cayó al suelo. Temblé entera. Me abracé a tu cuerpo. Vacié la rabia sobre tu boca en miles de besos....