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Amada más que conocida

Creí de ella sus promesas
Confié en que yo la conocía.
Guste de verme en sus pupilas
con la fascinación de quien se postra
electrizado ante su diosa.
O como quien entra en el jardín de las delicias
y se delecta y de sí se olvida por el hechizo de las rosas.
La abracé cuando lo reclamaron sus tristezas.
Y cuando ella se reía
pintaba para mí un arco de dicha
que colmaba mi ámbito de ternezas
Sufrí también y sufrí mucho.
Pero en el mar de sus encantos
yo fluía,
purificaba la infestación de mis heridas.
Triste sino el de la vida
Que cuando más la amo
más esquiva,
tornando lamento y queja
lo que sólo quiso ser una balada

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