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Alma mía

Nada es infinito ni precario, solemne alma mía; tu solemnidad es mi aprecio hablándote. No te arrastres ante mí, querida; estate quieta para dibujar tu silueta y alza eso a lo que llamas rostro. Eres bella cuando no se te asoma tanto la vergüenza, te prestas a dibujarte en cien colores e inventar los que falten. Y cuéntame, ¿estás en el infierno de mi cuerpo o de mi conciencia? ¿Dónde te ubicas para no dormir por las noches? Eres como una cosa que valoro pero no con esos ojos acuosos. Si, te hablo a ti Alma mía, ¿no creerías que es con cualquier otra?

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