Me has dejado rota
En la orilla
Recibiendo las olas insolentes
Golpeada por la furia brava
De la sal y del agua
Me has helado la palabra
En cada invierno huérfano
De tardes cálidas
Y de silencios bellos

Creímos cabalgar en las praderas soñadas
Creímos que el amor era la sala de espera
del supermercado del alma

Ya no te diré lo que no pienso
Ni te hablaré lento para romperte el silencio
Ya no besarás el aire que me brotaba dentro
Ni envolverás con mis manos el miedo

Me has arrinconado en la esquina pasajera
De paseantes pensantes al alba