El día que me bajo la moral,
aparecistes tú para terminar de hundirme.
Fue hielo en el ártico,
empujones en el metro.

El día que miraba al suelo,
pusistes caminos en círculos,
me culpaste de no llegar a ningún lado,
expulsaste las pocas esperanzas que tenía
y las encerraste en un tarro de cristal
y las pusiste al sol.

Quemaste las cartas que iba a echar,
asustastes a mis pies,
temblaban las manos
y no me podía sujetar.

Te pusiste a rezar
y aquello me enfureció tanto
que termine por despedir a mis sueños.
Los encerré cruelmente y los maltrate,
cuando se convirtieron en pesadillas,
no las hice desaparecer,
las alimente con tú foto.
Les conté todo lo que hacías,
les conté quien eras,
y el día que me empezaron a asustar de verdad,

te las lance.

Todo ese tiempo no te hice más caso,
solo me dedique a torturarlas,
no es que te perdiera de vista,
sabía que estabas ahí,
pero pude desconectar mis sentidos
y pude lanzartelas a tiempo.

No es malo vivir con pesadillas,
cuando sabes que te van a salvar,
cuando sabes que van a estar allí,
cuando las necesites.

Cuanto más te acercas,
más te odian ellas y más tranquilo
estoy yo.

#13-11-14#