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A un beodo consumado

De esta osamenta triste y olvidada
en la tumba silente y desolada,
te diré de su dueño infortunado
por émulo de Baco asesinado.
Caballero del trago lo llamaban
Botella al parecer se apellidaba.

De estirpe de beodos se afamaba
que a muy remotos tiempos trasladaba,
dando en ambas líneas parentales
reputados beodos a raudales,
que en la más tierna infancia ya empezaban
a catar alcoholes que les daban.

Ya fuera en vidrio, lata o botijón,
apuraba vino, cerveza o ron;
y así, en hora prima como en la nona,
lo trincaba una tremebunda mona.
Jamás fue conocido en sus cabales,
tomando sus estados por normales.

Se jactaba de enteramente sano
aunque almorranas aflorara el ano;
reuma, gota o migrañas no acusaba
mas lengua y seso no se conjugaban;
negaba ser estítico o artrítico,
pero tenía el vientre muy ascítico.

Protestó pronto el hígado vejado;
el corazón se desmayó agraviado.
la magra acata rápido el mandato
y al infeliz se lleva de inmediato.
No empina más el codo don Botella,
muchos más continúan su epopeya.

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