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Nos quedamos estáticos
Vaciando el humo y las cenizas
Del alma, el silencio pario
Aves de rapiña que devoraron
Nuestras pupilas
Vagamos al filo del asombro
Con un sombrero de copa
En la mente humedad
Unas monedas bastaron para odiarnos
Y el réquiem inmortal comenzó
A desfallecer en mis nudillos
Había sido la estrategia perfecta
Ya no venia el fantasma sombrío
A provocar mis ánimos, estaba sola
Ahora la tinta desgastada de tantas
Palabras escurría libertades anónimas
Por fin  habías muerto.

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