Si hay milagros, de seguro son ajenos a esas miradas,
miradas que se alían con la negra noche,
que como hoyo se traga todo lo que indeciso se decanta fuera de la luz:
dentro de tal estómago yace el hombre,
arrimado, encogido, ensimismado,
doliente…

Y si hay milagros entonces
las misas ya no son propias,
son solo ventas,
alquileres,
la fe en escaparate…

No hay milagros, ya lo sabemos,
solo ilusiones que se amargan
conforme el viento las ennegrece…

Y los milagros inevitablemente se
oxidan,
se vuelven obsoletos
esos milagros son de juguete,
esos milagros son comercializados,
esos milagros se pasan
y de mano en mano
se disuelven,
se arrugan,
se olvidan…

Esos milagros no serán más…